29/10/12

NAHUAL - NAGUAL - NAHUALLI - NAWALLI





Ilustraciones: Leonora Carrington





SUEÑO Y ENSUEÑO

A pesar de que el chamanismo ha estado tradicionalmente relacionado con los rituales y las invocaciones, eso es sólo una apariencia. El trabajo de activar al Nawalli no se puede emprender mediante operaciones externas; el único modo, es explorar las capas profundas de la conciencia. Para ello, los seres humanos contamos con dos estados que nos son accesibles en vida: el sueño y la embriaguez.

Los inquisidores reportaron muchos casos judiciales sobre naguales. En casi todos ellos, el elemento onírico es la clave de la metamorfosis. He aquí un ejemplo:

“Dijo Gabriel Velasco que es cierto que es brujo. Se queda como adormecido y le parece que ve a todo el mundo, y que empezó de edad de diez años, estando en su pueblo durmiendo.”(citados por López Austin, Cuerpo humano e ideología)





La técnica empleada por estas personas es una especie de meditación dentro del sueño. Se comienza ejercitando la memoria.


El arte de recordar los sueños era una de las asignaturas básicas en las escuelas mexicas. Los profesores recibían el título de Temikishimatini, intérpretes de sueños, y tenían una función orientadora parecida a la de los psicoanalistas actuales.

“Muchas cosas hacían o dejaban de hacer por los sueños, en que mucho miraban, de los cuales tenían libros, y lo que significaban, por imágenes y figuras.” (Las Casas, Los indios de México y Nueva España)

Los analistas de sueños no se limitaban a descifrar estos según su simbolismo, sino que también penetraban en la mente de la persona dormida para recibir la información de primera mano y ayudarla a conducir sus sueños.


TIPOS DE SUEÑO Y DESPERTAR


El sueño común recibía el nombre de Kochistli, modorra, una palabra relacionada con el lado animal de nuestro cuerpo. Kochispan era lo que ocurre durante el sueño ordinario. Había un nombre genérico para referirse al sujeto de estos sueños: Poshakua, dormilón.


El sueño con ensueños era Temiktli. La propia imagen durante un sueño era el Temikini, soñador.Los sueños especiales o lúcidos se calificaban de Temishoch, sueño florido. En ellos prestamos atención concentrada, sin habérnoslo propuesto previamente durante la vigilia. En tal estado son frecuentes ciertas experiencias que los prehispánicos consideraban revelaciones de Ketsalkoatl y a las que llamaban Kochtlachiwelistli, visión de ensueños.

Había dos modos de salir del sueño: Kochewa, desperezarse - el despertar ordinario cuando salimos a la vida cotidiana -, y otro llamado Sasa, un despertar voluntario en el cual la persona entra a otra realidad.

La ensoñación voluntaria no se consideraba una fantasía, sino un estado de la existencia equivalente a la vigilia. Recibía el nombre de Melawakatemiktli, sueño verdadero. El sujeto de este tipo de experiencia no era la persona durmiente, sino su Nawalli.


Quienes conseguían despertar dentro del sueño recibían el título honorífico de Itstika, despiertos, lo cual significaba que ya nunca más volvían a dormirse.

LA EMBRIAGUEZ

El segundo gran campo donde podemos entrenar al Nawalli, es cuando perdemos el control de nuestras acciones y percepciones. Estos momentos son genéricamente clasificados de “embriaguez”. La embriaguez es un estado indeseable, porque implica ceder el control. Sin embargo, puede convertirse en una formidable herramienta chamánica.


Una técnica favorita de los naguales para modificar sus estados de conciencia, es el consumo ritual de plantas sagradas. Al mismo tiempo que prohibía su consumo irresponsable, la sociedad prehispánica promovía su uso legítimo, en un contexto religioso. Les llamaban “las flores de Ometeotl”.


El manejo apropiado de estas plantas proporciona una visión directa de la realidad. Ese manejo es semejante al cultivo del sueño: basta con darse las órdenes apropiadas inmediatamente antes de la ingesta de la planta, y emplear el estado subsiguiente como pretexto para el despliegue de la voluntad.


Técnicamente, el estado en que permanecen un soñador y un consumidor de plantas sagradases el mismo.  Se puede saltar de una experiencia a la otra sin pasar por la vigilia.











Mesoamérica conoció más de cien variedades de plantas poderosas, de las que los códices nos dejaron abundantes descripciones. Las más importantes eran: los hongos llamados: 

  • Teonanakatl,carne de dios, cuyo activo químico es la psilocibina; 
  • la pequeña y negra semilla del Ololliu’ki, enredadera
  • el cactus Peyotl, masa, productor de mezcalina; 
  • y las flores, raíces y semillas del Toloatsin, respetable (planta) que inclina la cabeza, hoy conocido como floripondio, cuyo alcaloide principal es la atropina.

Las plantas sagradas no se podían consumir de una forma cualquiera, había que tratarlas con todo respeto. Un elemento importante era la soledad, pues la comunión con los dioses era un asunto demasiado serio para hacerlo en común. He aquí la fórmula tolteca para la comunión del peyote:


“La misma veneración tienen al peyote, que es muy (bien) recibido por todos ellos. El modo de tomar esta bebida es: (primero) señalar el día (más auspicioso, según el calendario sagrado). Luego, el que ha de beber se informa muy bien sobre el motivo por el que lo está tomando (es decir, medita al respecto. A continuación) adereza el oratorio de la casa con mucha decencia, como si esperase la visita de un gran personaje, con ramas y perfumes. Luego bebe (la infusión), encendiendo candelas en el altar. Allí se les presenta a su imaginación un viejo (Weweteotl) que, dicen, es quien decide sobre las materias que desean saber.” (Alarcón, Tratado de las Idolatrías)

EL ACECHO

En tiempos recientes, Castaneda introdujo un interesante término para definir al acto de controlar el sueño y la embriaguez sagrada a fuerza de voluntad: acecho. En términos psicológicos, el acecho es la fijeza de la atención; también podemos definirlo como la neutralización de los cambios de estado de la conciencia.



Acechamos de forma natural cuando despertamos de un sueño y nos concentramos en la realidad cotidiana. Esa operación psicológica involuntaria produce un mundo sensorial al que llamamos “físico” y unas ideas coherentes sobre el mundo.

Al ensoñar o experimentar los efectos de la plantas, tenemos acceso a estados novedosos de la conciencia, mientras que al acechar convertimos esos estados en espacios operativos. Un niño pequeño no sabe acechar; concede la misma importancia a cada uno de los estímulos que llegan hasta sus centros perceptivos; se puede decir que está soñando, aun con los ojos abiertos. Cuando un adulto manifiesta los mismos síntomas, decimos que está ebrio, y si la situación se hace crónica, entonces se trata de un demente.

Los chamanes aprenden a actuar en forma controlada allí donde otra persona se sentiría terriblemente desorientada, e incluso, en los estados fronterizos de la muerte. Cuando la voluntad opera en un medio diferente de la realidad cotidiana, entonces el sujeto de las experiencias se llama el Nawalli.


Los toltecas distinguían diversos tipos de acecho, que quedaron recogidos en la lengua nawatl. Estaba el acecho en general, llamado Pipia, considerado más como una actitud interna de alerta que como una actividad específica. Aplicado a una guerra, produce estrategias militares, pero aplicado al sueño, es la condición del despertar.


Ami es el acto de cazar las propias debilidades a través de trampas o tentaciones - una técnica peligrosa, porque implica concentrar la atención en objetos paradójicos, que obliguen a la voluntad a hacer acto de presencia.

Tlatia, hacerse invisible o inconspicuo, consiste en “desaparecer” en un medio dado, utilizando las costumbres y actitudes características del mismo hasta mimetizarnos. Su base es un cuidadoso análisis del medio y el control de nuestras reacciones.


Nakaketsa, acechar escuchando en la oscuridad, es el arte de emplear los sentidos físicos en formas inusuales, captando aspectos del mundo que ordinariamente pasamos por alto.


La técnica característica de los naguales era Nawallachia, acechar con la mirada. Consiste en una forma especial de ver el mundo, en la cual el foco de la atención no está en el centro, sino en la periferia.


Texto: Julio Diana da Silva
Ilustraciones: Leonora Carrington

3 comentarios:

  1. Muy buen texto y las imágenes de la Carrington geniales

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  2. Buena explicación, hace años que intento tener sueños lucidos con muy poco éxito es bueno tener otra perspectiva para expandir el conocimiento, gracias. Lo del asecho francamente no lo entendí.

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  3. excelente información para mí... gracias

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