28/3/11

Una elección consciente

Elección consciente
Fotografía de María Villares

“No heredamos la tierra de nuestros padres, sino que la tomamos prestada de nuestros hijos“
Proverbio africano

La especie humana dice conocer muchas cosas. La ciencia reduccionista insiste en el supuesto de que somos seres “inteligentes“ y que, a diferencia de los animales “inferiores“, poseemos consciencia. Sin embargo ya muchos científicos con una visión unificadora han reconocido y explicado que la consciencia no depende del pensamiento ni del cerebro, que es mucho más, y que todos los seres vivos la poseen, en tanto que esta es la cualidad que propicia su auto-organización. (1)

De esta errónea idea a la que todavía tantos se aferran, parte la concepción de que somos seres “superiores“, ya que tenemos esa enorme capacidad de transformar y destruir el medio a nuestro antojo. La concepción evolucionista sacada a la luz por Darwin parte de concepciones eugenésicas. De hecho, su libro original se llama: La Evolución de las especies por medio de la selección natural o el Mantenimiento de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Existencia, así que no es de extrañar que Hitler haya basado su libro: Mein Kempf (Mi lucha) en este de Darwin.

Como bien dice M. Sadín, “el darwinismo es el apéndice científico de la teoría del libre mercado de Adam Smith“(2). Ambas teorías, la de Smith y la de Darwin tienen en común su idea raíz: ensalzar la competitividad y la sobrevivencia del más fuerte en la lucha por la vida. Esta concepciones fascistas han propiciado que se interprete la realidad como una guerra perpetua en la que sólo los más fuertes sobreviven.

Esto ha respaldado la desenfrenada explotación de la naturaleza, llevada a cabo por medios tan bajos como el uso extensivo de pesticidas, la devastación de las zonas boscosas, la extracción indiscriminada de materias primas, sin preveer los riesgos de contaminación consecuentes. A partir de la segunda guerra mundial, gracias a las investigaciones de los científicos nazis que luego emigraron a EUA, se empezaron a usar de modo masivo venenos contra todo lo que nuestra visión “superior“ considera dañino o incómodo para nuestra sobrevivencia en la tierra. Y mientras vivimos en asépticas casas, mantenemos el funcionamiento de nuestra sociedad tecnológica por medios tan sucios como la energía nuclear, la cual genera residuos que sólo dejan de ser dañinos para la vida al cabo de más de 50 000 años. (3)

19/3/11

Vida o Muerte

Vida y Muerte Fotografía de María Villares


Los ecologistas siempre han estado preocupados por la cantidad de residuos que genera el uso de la energia nuclear, sumamente peligrosos para la vida, la mayoria no dejan de serlo hasta después de 250.000 años, lo cual es 25 veces la historia de la humanidad....Los economistas, por otra parte, preferían pensar sólo en el confort del presente, y esconder la basura debajo de la alfombra, diciendo que los ecologistas eran unos pesados que no entendían la autenticidad del progreso....

El que no sea tonto tendrá que darse cuenta de que si progreso quiere decir ir hacia adelante en el proceso de mejora de la existencia humana, este concepto no incluye el uso de medios que pongan en peligro nuestra vida sobre la tierra. De ser así, lo que estamos haciendo es intentar correr a toda velocidad para cruzar un abismo, sin que todavía exista un puente...

Es curioso ver cómo el anhelo de lo vertiginoso, el amor a la velocidad, es una especie de adicción generada por la sociedad contemporánea, desde sus aparatos de poder. Es como en el libro de Alicia a través del espejo, en esa parte en que la Reina la coge de la mano y le dice que tienen que correr a toda velocidad, sólo para mantenerse en la misma casilla del tablero.

¿Hacia dónde va el mundo? ¿Por qué pretendemos saber tantas cosas y sin embargo olvidamos siempre lo más esencial?


Hace poco leí que la ignorancia es ese estado en el que estamos tan ocupados con ciertas cosas que somos indiferentes ante muchas otras...Esto es quizá lo que explica que tanta gente pueda vivir consumiendo energía de manera irrefrenable y sin ninguna necesidad, cuando sabe que esta energía proviene de los bosques y los ríos del mundo, que están dando su vida a cambio de ello. Quizá si sintiéramos esta correspondencia, cada minuto de nuestro estar-aquí sería un dar gracias constante y un fluido intercambio, armónico y fecundo.

Quizá si cambiamos nuestro pensamiento, todos, un poquito, nos quedamos más quietos, reposados en este instante, que puede ser el último, y conectamos nuestro corazón con el corazón de la tierra, nos demos cuenta que vamos, todos juntos, en el mismo viaje...


María Villares

16/3/11

Crisis y alternativas

vision2
Fotografía de María Villares
Corren tiempos de cambio, porque la vida es transformación constante. Aunque a veces nos la traten de describir como algo estático, no lo es. Creo que vivimos en un momento crucial en la historia de la tierra, y no porque estemos cada vez más cerca de ese 2012 que algunas supuestas profecías han dictado. La urgencia que nos intenta sugerir esta fecha me recuerda a mis amigos fumadores cuando se retan a sí mismos a dejar de fumar en determinado día futuro marcado en el calendario, reto que normalmente fracasa. Pienso que la necesidad del cambio es algo del momento presente, y sólo se puede asumir en el aquí-ahora. No valen fechas venideras, porque el futuro no existe. Si no cambiamos ahora mismo nuestra visión de las cosas, si no intentamos el cambio, este no nos va a estar esperando al doblar de la esquina.

Me preocupa este tema, porque echando una mirada a la humanidad en general, al rumbo que lleva nuestra civilización, sobran las evidencias que demuestran que las ideas de progreso que guiaron el surgimiento de la era tecnológica están erradas desde su raíz.

Si uno se pone a investigar un poco, encuentra muchas claves que explican el porqué la civilización occidental, dirigida por postulados materialistas, dibuja el destino del hombre hacia un mundo poblado por máquinas, exaltando los valores de la velocidad y la acumulación de objetos en una supuesta búsqueda de confort. Es posible saber las causas históricas que hicieron que esta postura primara en el llamado primer mundo y que fuera intensamente anhelada desde los otros mundos. Pero no sólo basta el saber por qué hemos llegado hasta aquí, sino que sencillamente podemos cambiar el rumbo.
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