6/10/11

Las verdades y la realidad

Fotografía © María Villares
Parte II de Filosofía de la ciencias y el cambio de racionalidad de Mauricio Abdalla

Con la inclusión de estos conceptos en la ciencia, el mito de una ciencia libre de subjetividad y puramente asentada sobre la razón objetiva y la experiencia rigurosa se ve contrariado en la práctica. Sentimientos y principios subjetivos se convirtieron en leyes científicas, mientras sus opuestos (pero correlatos) continúan siendo tratados sólo como sentimientos y principios subjetivos, sin lugar en una elaboración que se pretende objetiva y racional. Tal hecho debería servir para cuestionar la validez del mito respecto a la ciencia y para abrir caminos en dirección a otra concepción sobre la elaboración científica.

Por un lado, esto ha ocurrido de hecho: la filosofía de las ciencias actual tiende mucho más a una contestación de la concepción positivista de la ciencia que a la afirmación de sus presupuestos. Pero, por otro lado, el mito aún permanece en la cabeza de muchos científicos. Incluso trabajando con principios subjetivos, estos confían firmemente en que están tratando sólo con la racionalidad objetiva y estrictamente experimental. La consecuencia de esto es todavía más dramática: odio, lucha por la supervivencia, competición y egoísmo –que saltaron de la condición de sentimientos y principios subjetivos a la condición de verdades científicas- sobrepasan ahora su condición de verdades científicas y son elevadas a la condición de realidades. La diferencia no es pequeña y conviene reflexionar sobre ella con más detalle.

Una verdad es un juicio que emitimos sobre alguna cosa y que pretendemos que sea correcto. Bajo el aspecto formal, tal corrección se da en dos categorías: la de la necesidad lógica y la de la factualidad.(NOTA)

a) La categoría de la necesidad lógica distingue los juicios lógicamente verdaderos (las tautologías) y los lógicamente falsos (las contradicciones). La verdad de esos juicios se da por el análisis del propio enunciado, sin necesidad de un recurso a otra instancia de confirmación (como, por ejemplo, la experiencia). Por eso son llamados juicios analíticos. El predicado ya está contenido en el sujeto, como cuando decimos que “una circunferencia posee todos sus puntos equidistantes de su centro”, o “el todo es siempre mayor que cada parte que lo compone”. La negación de estos enunciados se constituye en una contradicción –como decir, por ejemplo, que hay puntos en una circunferencia cuya distancia del centro no es igual a la de los otros (porque entonces no se trataría de una circunferencia), o que una de las partes excede al todo en tamaño (pues el tamaño del todo debería incluir el tamaño de esta parte, aunque fuese la única). La propiedad atribuida por el predicado al sujeto del enunciado es lógicamente necesaria para que este sea lo que es.

b) La categoría de la factualidad distingue los juicios factualmente verdaderos y los factualmente falsos. En esta categoría de juicios, el predicado no está contenido en el sujeto, siendo, por tanto, añadido a él. Por eso son denominados juicios sintéticos. En este caso, se añade al sujeto una propiedad que no es lógicamente necesaria, como cuando decimos “el agua de este recipiente está a una temperatura de 38 grados”. Una temperatura de 38 grados no es una propiedad lógicamente necesaria para que el agua sea agua. La corrección o no de ese enunciado será dada a partir de la experiencia factual. Sumergimos un termómetro en el agua y si el mercurio alcanza la marca de los 38 grados, atribuimos la corrección al enunciado. Es factualmente verdadero porque corresponde a una situación real. O sea, se cree que el agua está realmente a una temperatura de 38 grados, por eso la afirmación es verdadera, pues a ella le correspondería una realidad. Si el termómetro no marcase 38 grados tenemos entonces un enunciado factualmente falso, pues no le correspondería un estado de realidad.

Los enunciados de las ciencias naturales y sociales no pertenecen a la categoría de necesidad lógica. Por ello necesitan de la investigación experimental, de la colecta de datos o de alguna forma de relación con el objeto sobre el cual hacen afirmaciones. Por tanto, son todos enunciados que se pretenden factualmente verdaderos, o sea, necesitan adquirir su veracidad en la adecuación a un estado real de las cosas. Por eso, muchos confían en que por detrás de todas las afirmaciones de la ciencia existe una realidad correspondiente. Así, los principios del odio, de la lucha por la supervivencia, de la competición y del egoísmo, una vez alzados a la condición de verdades científicas, pasan a ser elementos de la propia realidad que sustenta la veracidad de los enunciados correspondientes. Si son elementos de la realidad, sólo son verdaderos los enunciados que los reafirman, siendo factualmente falsos todos los que los contestan.

¿Pero, qué problema hay en relacionar la verdad con la realidad? ¿No es exactamente eso lo que nos permita conocer el mundo y transformarlo? ¿No es así como evitamos afirmaciones que contradicen el comportamiento de la Naturaleza –como, por ejemplo, la afirmación de que los cuerpos pesados se distancian de la tierra cuando son soltados a algunos metros de la superficie? ¿No es así como las ciencias elaboran y rechazan teorías?

Si nos quedamos sólo con el aspecto formal de las categorías de corrección de los juicios, podemos llegar fácilmente a esas conclusiones. El problema es que, de esa forma, dejamos de incluir en la reflexión un elemento fundamental en la producción de conocimiento: la historicidad de la ciencia, sobre la cual hablaremos de forma breve en el próximo artículo.

Mauricio Abdalla
Continúa en Parte III: La historicidad de la ciencia

(NOTA) Esta reflexión se limita a los casos en que es posible hablar en corrección de un juicio. Se excluyen, por tanto, los juicios estéticos, morales o emotivos, por la razón obvia de que no hace sentido atribuir corrección o no a la atribución de belleza, a los valores morales (a no ser con referencia a una cultura), o a la expresión de un sentimiento.

1 comentario:

  1. Damos por hecho que conocemos demasiadas cosas, cuando en verdad sabemos muy poco de nada...Gracias por estos análisis valiosos...

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