6/10/11

La historicidad de la ciencia

Fotografía © María Villares

Parte III de Filosofía de las ciencias y el cambio de racionalidad de Mauricio Abdalla
Viene de Parte II Las verdades y la realidad
El conocimiento, inclusive el científico, es producto histórico de la humanidad y, como tal, acarrea las características de cada época y se modifica de acuerdo con la evolución cultural del ser humano. Siendo la verdad una proposición humana respecto a procesos o cosas –y no un habla de las propias cosas- ella puede cambiar de acuerdo con ciertas condiciones a las cuales los que la profieren se encuentran sometidos. Tales condiciones incluyen la historia, la cultura, la tecnología, el cúmulo de conocimiento en diversas áreas, los intereses hegemónicos, etc.(NOTA 1) Presuponemos, sin embargo, que las leyes que rigen el comportamiento de la Naturaleza se mantienen fijas (aunque no las conozcamos o no las conozcamos exactamente), pues caso contrario, la ciencia sería inviable (imaginen si la gravedad cambiase periódicamente...).

Lo que hace que la ciencia cambie no son los cambios en la Naturaleza, sino los cambios en las verdades científicas, que son fruto de la forma en cómo vemos la Naturaleza. Y la forma en cómo vemos la Naturaleza depende, inevitablemente, de nuestra capacidad teórica y técnica para investigarla.

Tomemos como ejemplo el electromagnetismo de Maxwell en relación con la física cuántica.(NOTA 2) Hasta que los científicos pudieron investigar el átomo era una verdad científica que toda partícula cargada en movimiento irradia (y, por tanto, pierde) energía. La realidad confirmaba esa verdad, hasta que la estabilidad de los átomos reveló una realidad contradictoria: los electrones (partículas cargadas), que se mueven en torno al núcleo, no pierden energía y, por tanto, no chocan contra el núcleo. Para dar cuenta de esa nueva realidad, fueron necesarias otras verdades científicas.
Un ejemplo, tal vez más interesante, fue la prueba presentada por Tycho Brahe (1546 – 1601) para negar el movimiento de la Tierra alrededor del sol. Pensaba, correctamente, que si la Tierra se moviese realmente, debería ser constatado el fenómeno del paralaje estelar. O sea, la posición de las estrellas fijas más distantes debería cambiar en relación a las más próximas en un período de un año.(NOTA 3) Por tanto, la hipótesis del movimiento de la Tierra debería ser constatada experimentalmente. Pero Brahe, a pesar de ser considerado un observador extremadamente minucioso e incluso poseyendo los mejores instrumentos de observación de su época, no constató el fenómeno. ¡Por tanto, la proposición heliocéntrica se reveló factualmente falsa a partir de la correlación con la realidad experimentada! Ocurre que para constatar ese fenómeno son necesarios instrumentos de mucha mayor precisión que la de los que se disponía en su época.
Esto demuestra que la “realidad” no se agota en aquello que podemos “ver” o “hablar” respecto a ella. Más aún: lo que consideramos “experiencia” o “comprobación factual” es apenas una adecuación de nuestros enunciados teóricos a otros enunciados que hacemos sobre el mundo real. En el ejemplo de la temperatura del agua, su constatación depende de los enunciados respecto a la relación del calor con la dilatación del mercurio del termómetro y de las convenciones que utilizamos para expresar la temperatura.(NOTA 4) Lo que la realidad es para nosotros es siempre la forma en que podemos entreverla en un determinado contexto. La llamada “prueba científica” no es algo definitivo, sino que es apenas una manifestación de coherencia entre enunciados teóricos y enunciados factuales.
La teoría aristotélica del movimiento natural prevé que los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) poseen un lugar natural y que los cuerpos constituidos por esos elementos se mueven en busca de su lugar natural y, una vez allí, permanecen en estado de reposo. Se puede “probar” esta teoría demostrando que una piedra cae, que los líquidos se esparcen en la superficie de la tierra, que el aire y los gases fluctúan y que toda llama se dirige para arriba –y en este caso, se puede decir que la teoría aristotélica es factualmente verdadera. A propósito, la física de Aristóteles está mejor adecuada a la experiencia cotidiana- por tanto factualmente verdadera en este nivel- que la física moderna. Un cuerpo en movimiento tiende realmente al reposo. No tenemos experiencia directa de un movimiento inercial.(NOTA 5)
Por tanto, identificar las verdades cambiantes, que son proposiciones humanas históricas, con la realidad es un procedimiento que nos aleja más de lo que nos aproxima del mundo que queremos conocer.

Mauricio Abdalla

NOTAS: 
(NOTA 1) Sobre como la ciencia es modificada por determinados factores que la condicionan ver la conclusión de mi artículo La crisis latente del darwinismo (Abdalla, 2006).

(NOTA 2) Podrían servir de ejemplo también las teorías de la gravedad de Newton y Einstein.

(NOTA 3) Se puede hacer la experiencia de la paralaje colocando un dedo próximo al rostro y dirigiendo la mirada a un punto distante. Cuando movemos la cabeza, el punto distante estará sea a la derecha, sea a la izquierda del dedo que tenemos próximo a los ojos.

(NOTA 4) No fue dicho si la temperatura era de 38 grados Celsius o Fahrenheit, de manera que los lectores pueden haber tenido ideas diferentes al respecto de la temperatura real del agua.

(NOTA 5) El ejemplo de un cuerpo siendo lanzado para afuera de un automóvil en un choque es un ejemplo evocado apenas después de haber tenido la noción de inercia. Todavía así, el cuerpo lanzado para afuera cesa su movimiento.

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