6/10/11

La creación de la ciencia

Fotografía © María Villares
Parte V    
Filosofía de las ciencias y el cambio de racionalidad, por Mauricio Abdalla
Viene de Parte IV: La creación de la “realidad empírica“

Considerando lo que está dicho en los artículos anteriores, una vez inmersos en una racionalidad caracterizada por la civilización burguesa, los pensadores y científicos modernos pasaron a dialogar con el mundo a partir de los principios de la época histórica de la cual formaban parte. Es más, el mundo que tenían delante de sus ojos era un mundo capitalista, el mundo del trueque comercial, del dinero, de la competición, del individualismo y de la competencia para establecerse en el mercado. Así como Aristóteles proporcionó una justificación para la esclavitud tomándola como un dato observable, lo mismo hicieron Smith, Hobbes, Malthus y Spencer con respecto a las relaciones sociales basadas en los principios de la economía de mercado. Adam Smith tenía realmente como dato de análisis una sociedad basada en las reglas del interés propio; Thomas Hobbes podía constatar factualmente el estado de “guerra de todos contra todos”; Thomas Malthus podía probar el crecimiento de la población pobre y la lucha por la supervivencia; Herbert Spencer tenía delante de sus ojos una realidad en la que los más “adaptados” (los industriales ingleses) sobrevivían. No hicieron más que transformar esos datos en principios absolutos de las ciencias sociales, y lo que era característico de una determinada forma de existencia social del ser humano, se convirtió en el fundamento científico para las ciencias humanas.



Compartiendo el mismo espíritu de la época (Zeitgeist), Charles Darwin y Alfred R. Wallace imaginaron que esos principios deberían también valer para la Naturaleza. Usando como analogía la sociedad humana de su época establecieron como fundamentos científicos para una teoría de la evolución los mismos principios que habían sido establecidos para las ciencias sociales. De la misma manera que los científicos del inicio de la Edad Moderna construyeron una ciencia adecuada a la nueva racionalidad que sustituyó a la feudal, Darwin y Wallace dieron seguimiento a ese proceso extendiéndolo a las ciencias de la vida.

Con todo, la relación de una racionalidad históricamente determinada con la ciencia no puede ser entendida sólo como una relación unidireccional. No es sólo la subjetividad humana la que da su configuración a la ciencia. El proceso es, en verdad, de retroalimentación. La ciencia también contribuye a la conformación y el fortalecimiento de una racionalidad históricamente determinada, en la medida en que da una base científica a sus principios subjetivos, naturalizándolos y convirtiéndolos no sólo en enunciados subjetivos, sino en elementos de la propia realidad. En otras palabras, así como una determinada racionalidad proporciona la base subjetiva de las teorías científicas, las teorías científicas contribuyen a la conformación y hegemonía de esa racionalidad. Las convergencias entre las teorías científicas y la configuración histórica de la racionalidad que predomina en una sociedad no deben ser, por tanto, ser considerados sólo “coincidencias”. Eso sería dejar escapar un patrón que nos puede ayudar a comprender más adecuadamente lo que es la ciencia y su relación con la sociedad en que vivimos. El mito de la ciencia neutra y aséptica, puramente racional objetiva y empírica, caso de que fuera verdadero convertiría la ciencia en una tarea de dioses y no de humanos. Y es sorprendente notar que la modernidad derrumbó el trascendentalismo medieval en diversos aspectos de la vida humana, pero después creó un nuevo conocimiento trascendente, más allá del bien y del mal, superior a los límites del ser humano y por encima de la subjetividad de los hombres y mujeres realmente existentes: ¡la ciencia! Ya pasó el tiempo en que debíamos traer la ciencia al mundo de los mortales.

El darwinismo es ciencia. Sus principios fueron utilizados en la investigación y en la formación de algunas generaciones de biólogos. Y es la teoría adecuada a la racionalidad moderna. Darwin recoge en sus obras innumerables ejemplos para apoyar que su teoría es factualmente verdadera. Y así lo hicieron y todavía hacen todos los que están convencidos de su corrección como verdad factual. Para muchos, esos ejemplos no son más que pruebas definitivas para que el darwinismo sea una verdad perenne. El grado de emotividad que se nota ante cualquier cuestionamiento del darwinismo es un síntoma de que muchas personas tienen la certeza absoluta de que los hechos comprueban la veracidad de las proposiciones darwinistas.

Tal reacción es fácil de comprender. ¿Cómo podríamos contestar algo que tenemos “delante de nuestros ojos”? ¿Cómo alguien puede dudar de una teoría "científicamente comprobada"? Se puede alegar que el hecho de que haya una convergencia entre el darwinismo y las ideas sociales de una época no debe ser motivo suficiente para cuestionar una teoría científica. Y en mi opinión, no se debe. Las convergencias siempre existirán –y ese aspecto sólo revela la historicidad de las teorías científicas, pero no es argumento suficiente para cuestionar su validez. Por eso, tenemos que analizar los aspectos relacionados con la factualidad de los principios que fundamentan el darwinismo y una parte de las ciencias humanas y sociales.

El primer aspecto se refiere a lo que ya fue afirmado anteriormente: la factualidad de los enunciados teóricos no está dada por su adecuación a la realidad, sino a otros enunciados que hacemos acerca de la realidad. Lo que vemos como hecho es, en verdad, experiencia, o sea, relación de un sujeto con el mundo. Vemos lo que estamos preparados para ver. ¿Qué dice la hembra de pájaro que se sacrifica para salvar a sus crías?¿Qué está siendo altruista o “genéticamente” egoísta?¿Qué dicen los machos que luchan por una hembra para la reproducción?¿Y los que no luchan?¿Qué dice el perfecto ciclo de la vida de las florestas, donde la vida y los hábitos de cada ser vivo contribuye a la existencia de todo el ecosistema?¿Qué dice la integración de bacterias y virus en la formación de los genomas?
La Naturaleza sólo existe; los que decimos somos nosotros. Nada está definitivamente probado. Los hechos evocados para demostrar la adecuación del darwinismo a la realidad son hechos ya interpretados por los principios que fundamentan el darwinismo. Por eso, siempre es posible evocar una prueba o interpretar un hecho como comprobación cuando ya estamos convencidos de la veracidad de la teoría o cuando nuestra subjetividad está estructurada a partir de los mismos principios que la fundamentan. Por eso, muchos ven competición donde hay cooperación, lucha individualista por la supervivencia donde puede haber solidaridad, aleatoriedad donde existe un patrón de complejidad o autoorganización, etc. Pero podríamos ver cosas diferentes si nuestra subjetividad estuviese conformada de otra manera o si las teorías aceptadas sugiriesen algo diferente.

El segundo aspecto está relacionado con el avance de nuestra capacidad de ver el mundo. ¿Qué diríamos si encontrásemos montones de billetes apilados, todos mostrándonos un valor de 50 euros? Supondríamos, ciertamente, que estamos ante una enorme fortuna en dinero. Pero, ¿mantendríamos nuestra opinión si al levantar los billetes descubriésemos que sólo los primeros son de 50 euros y lo restante es sólo papel sin valor, colocado bajo los billetes para dar volumen a las pilas? Y qué decir de una humanidad constantemente en guerra y actuando conforme a los principios de la lucha por la supervivencia y del individualismo? Supondríamos, ciertamente, que el ser humano prueba los principios fundamentales de las ciencias humanas de orientación liberal y del darwinismo. Pero ¿mantendremos nuestra opinión incluso sabiendo que la humanidad es mucho más antigua que la historia escrita (tal vez cientos de miles de años más antigua) y que aproximadamente el 99% de la existencia del Homo sapiens han sido vividos en bandas igualitarias que practicaban la caza y la recolección, basados en la colaboración tribal y en la inexistencia de la propiedad privada? (Ver Cavalli-Sforza & Cavalli-Sforza, 2002, cap. 1). ¿Cómo interpretaríamos el hecho de que en el exacto momento en que el lector lee este texto hay más personas en el mundo conviviendo pacífica y solidariamente que compitiendo y guerreando?(NOTA 1) ¿Y si constatásemos que en la evolución del ser humano el factor fundamental fue el comparto de los alimentos y la cooperación? (Ver Leakey, 1997, p. 70 y Foley, 1993, p. 76-77; 189: 269-270).(NOTA 2)
 
¿Y qué decir respecto a la Naturaleza? Aquí, más todavía, se hace notar nuestro avance en la capacidad de ver el mundo. Los avances en las ciencias (principalmente la genética) y en las tecnologías de observación han revelado una cantidad enorme de datos que no encajan en las teorías que tenemos a nuestra disposición (sobre esto, ver Sandín 2006 y Abdalla, 2006). La cantidad de datos que se han publicado en revistas especializadas y que no se encuadran en la visión darwinista se han multiplicado y se han convertido en un desafío para el darwinismo. La ausencia de respuestas satisfactorias o la insuficiencia de las respuestas dadas dentro de la teoría de la evolución hegemónica han dado fuerza al crecimiento de ideas que intentan insertar elementos metafísicos en la explicación de la Naturaleza, como los creacionismos de diversas especies y, más recientemente, la teoría del diseño inteligente. El reciente éxito de esta última teoría se alimenta más de los problemas científicos del darwinismo que del fundamentalismo religioso.

Mauricio Abdalla 
Continúa en: Parte VI Hacia una nueva ciencia de la vida

NOTAS:


(NOTA 1) Si las 6 mil millones de personas del planeta estuviesen ahora guerreando, ciertamente no sobreviviríamos. Piense en los grupos de amigos, en los enamorados, en las familias, en los movimientos sociales, en las iglesias, mezquitas y sinagogas, en los hospitales, en los deportes colectivos de entretenimiento y en la relación de intercambio solidario del conocimiento que tú y yo estamos estableciendo a través de este texto.

(NOTA 2) Foley, en su detallado y riguroso estudio sobre la especie humana, constata innumeras veces el papel de la cooperación en la evolución humana. Pero, siguiendo el estándar de las explicaciones darwinistas, interpreta ese hecho a partir de las relaciones de costo-beneficio de la estrategia de cooperación y de las “ventajas selectivas” que ella proporciona. O sea, la cooperación sería una estrategia ventajosa en el juego mayor de la lucha competitiva por la supervivencia. Esa es una demostración de cómo se puede mirar un hecho, pero no ver otro.

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