14/8/11

Somos seres de otros mundos

Historias del Señor Tiempo
María Villares, 2011
Somos seres de otros mundos, cada uno de un “sí mismo“ que ha venido desde muy lejos, más allá del infinito -por lo inconcebible del vislumbre. Nos hallamos, trazamos el puente, intentamos un lenguaje que nos comunique…Y allí comienzan las palabras, esa danza de tejidos sueño tras sueño.

Este aquí sin embargo no es lo que pensábamos antes de que ocurriera, ni es lo recordado. El espacio y el tiempo no pueden existir de forma separada, así como la  unión entre lo macro y lo micro es contínua, ¿dónde comienza uno y dónde termina el otro? El movimiento constante es lo que da ideas de sucesivos y continuos  “aquí“. Es cuestión de un re-encaje perceptual, es decir, cambiar el eje desde donde establecemos las coordenadas. Si logramos hacer esto de manera fluida, notamos que es imposible hacer construcciones estáticas en un mundo en continuo movimiento. “La vida es un puente, no levantes una casa en él“, dice un proverbio popular.



En un primer acecho, el misterio nos transmite una sensación de desasimiento incómoda, por lo que se intentará negarlo aferrándonos a alguna tabla. La tabla sólo sirve para tenernos flotando en medio del océano a la espera de la tierra soñada, -castillos de la razón. Luego la tierra bajo los pies dejará de ser la más verde y nos encontraremos de nuevo buscando otros rumbos. Samsara mental. Es inevitable llegar a este punto cuando se intentan soltar para siempre las amarras. Porque esta idea de embarcarse en el océano del conocimiento no es otra cosa que una coartada más para seguirse agarrando a la tabla, ya que el ego flota encima de esta a través de ese océano. Una metáfora que se acerca más es aquella de una muñeca de sal que se sumerge en el océano para Conocer…Y este acto de dilución no nos deja sin embargo una nueva sensación de estatismo, porque la sal se volverá a convertir en nuevos seres que volverán a buscarse a sí mismos…El prefijo idem, con el que se construye la palabra identidad, significa “el mismo“. Por eso en el buscarnos a nosotros mismos nos identificamos con ideas.

 Las preguntas nacen solas, como la olas cuando transcurre el tiempo, que ya no sólo el viento o las mareas sino la sonrisa de la luna, ese asteroide creado para tapar el sol en cierto instante que marca el dibujo de los ciclos. Especular, speculāris, como un espejo, siempre buscándonos allá afuera en algún reflejo, y eso es la luna un reflejo de luz, un continuo encuentro mientras la rueda gira…

Dejar que bailen las formas, escuchar el leve roce de sus tejidos moviéndose dentro de cada grano de la piedra. Un mundo recomenzando allí, en la más aparente quietud. Un devenir incalculable que se va enredando en la madeja de las horas, en cada gesto tuyo y del aire, que va despertando las cosas…

Tus historias, como piedras de colores, son el collar con que se adorna el Señor Tiempo.

María Villares.
Agosto en Piedras Muchas.

1 comentario:

  1. Desde este puente en el cual inevitablemente hago morada te abrazo,con toda la luz de agosto...
    Muchos Besos,Mari-posa...

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