16/3/11

Crisis y alternativas

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Fotografía de María Villares
Corren tiempos de cambio, porque la vida es transformación constante. Aunque a veces nos la traten de describir como algo estático, no lo es. Creo que vivimos en un momento crucial en la historia de la tierra, y no porque estemos cada vez más cerca de ese 2012 que algunas supuestas profecías han dictado. La urgencia que nos intenta sugerir esta fecha me recuerda a mis amigos fumadores cuando se retan a sí mismos a dejar de fumar en determinado día futuro marcado en el calendario, reto que normalmente fracasa. Pienso que la necesidad del cambio es algo del momento presente, y sólo se puede asumir en el aquí-ahora. No valen fechas venideras, porque el futuro no existe. Si no cambiamos ahora mismo nuestra visión de las cosas, si no intentamos el cambio, este no nos va a estar esperando al doblar de la esquina.

Me preocupa este tema, porque echando una mirada a la humanidad en general, al rumbo que lleva nuestra civilización, sobran las evidencias que demuestran que las ideas de progreso que guiaron el surgimiento de la era tecnológica están erradas desde su raíz.

Si uno se pone a investigar un poco, encuentra muchas claves que explican el porqué la civilización occidental, dirigida por postulados materialistas, dibuja el destino del hombre hacia un mundo poblado por máquinas, exaltando los valores de la velocidad y la acumulación de objetos en una supuesta búsqueda de confort. Es posible saber las causas históricas que hicieron que esta postura primara en el llamado primer mundo y que fuera intensamente anhelada desde los otros mundos. Pero no sólo basta el saber por qué hemos llegado hasta aquí, sino que sencillamente podemos cambiar el rumbo.


Básicamente, no hay que ir muy lejos para entender que a los que ostentan el poder les conviene tener a la gente consumiendo insaciablemente todo aquello que inventa la industria, porque es la manera de seguir controlando el flujo de dinero. Su lema es convertir a los seres humanos en autómatas que venden su tiempo para obtener un dinero que a la vez volverán a gastar, yendo a parar nuevamente a los bancos, y al entramado que controla todo el flujo.

Muchos aceptan esto como si siempre hubiera sido así el mundo. Pero no es así. Y aún cuando hubiera sido así, no hace falta más que ver lo injusto que es este mecanismo que nos esclaviza, para intentar salir de él y buscar alternativas. Creo que la mayoría de las personas están como semidormidas atadas a estos mecanismos y no saben salir de esa inercia. Por sobre todo, es una inercia mental, porque una vez que nos damos cuenta, nada vuelve a ser lo mismo.

La gente sigue viendo los noticieros de la televisión, aunque se les haya dicho miles de veces que esa información está manipulada, que los que controlan los medios de masas son los mismos a los que les interesa que sigas adormecido. Que detrás de una noticia violenta o de la imagen de una niña desnutrida de África, te pondrán ese anuncio publicitario que te gusta donde una delgada y perfecta modelo rubia sacude su pelo lentamente en el aire mientras se bebe un líquido dorado que parece hacerla feliz. Nunca serás esa muchacha perfecta aunque te gastes todo el dinero en ese líquido, pero es la ilusión lo que te vale. Es la ilusión lo que tú compras.

Todas estas imágenes pasan ante tus ojos mientras estás sentado a la mesa de tu casa, sin prestar atención al puro acto de comer, sin saber siquiera lo que comes. Porque, ¿sabes lo que comes? ¿Sabes que son animales matados salvajemente, algunos descuerados incluso estando vivos, que han pasado su vida encerrados en una estrecha mazmorra mientras les suministraban hormonas, vacunas y todo tipo de sustancias químicas nocivas? ¿Sabes que las frutas y vegetales han sido fumigados repetidamente con venenos que se van acumulando en tu organismo? ¿Sabes que los alimentos transgénicos no son comidos por insectos ni animales, porque estos no comen aquello que no es comida? ¿Sabes que con este repetido uso de venenos, están desapareciendo insectos y pájaros y todo tipo de animales?

Mientras más venenos se usan en los campos, más se pierde la diversidad de vida, y es esta diversidad la única que pudiera traer de nuevo el equilibrio. Está probado que la naturaleza se regula a sí misma. La permacultura lo demuestra. Los insectos son necesarios para las plantas, y los pájaros para los insectos. Nosotros somos sólo parte de un entramado, y si rompemos una parte de este, imponiendo el erróneo concepto de la supremacía de la especie, también se romperá el equilibrio que permite que estemos en esta tierra. ¿Nos es tan difícil entender que sólo somos una parte de todo un organismo vivo?

Claro, nos han hecho creer durante años que las máquinas son el futuro, y creemos que podemos desentendernos de la naturaleza, que podemos explotarla al máximo, sin respeto ninguno, sólo para seguir construyendo nuestros virtuales mundos de confort. Pero…si somos objetivos, no podremos negar, llegado a un punto, que no es posible seguir un proceso de desarrollo en ascenso, cuando los recursos van en descenso. Es obvio que hay que desacelerar, aunque a muchos todavía les cueste empezar a pensar en ello. Comprendo que la inercia se los impide, y también todos esos deseos tejidos en sus mentes por la publicidad, y las metas dictadas por el sistema educativo oficial, esas que hablan de triunfar, de llegar a ser importante.

Todo mentiras. Sin embargo, muchos prefieren seguir durmiendo sobre ese colchón de mentiras, y cubrirse con la sábana de los deseos sin cumplir, para soñar con aquel que no existe, ese hombre perfecto de la sonrisa perfecta y el coche perfecto y la casa perfecta. ¡Por favor! Despierta! Por lo menos reconoce que ese sueño no es tuyo, que es inducido. Este es el primer paso.

Cierto dia, mientras participaba en una clase de fotografía, la mayoría de los alumnos (jóvenes de entre 20 y 25 años) estuvieron de acuerdo en que serían capaces de hacer cualquier foto que les pidiera el editor de un periódico, aún cuando esta imagen fuera manipulada, y parte de una noticia también manipulada. Decían que si estás en esta situación y no quieres quedarte sin trabajo, tendrías que cumplir con ello, aún cuando este acto vaya en contra de tus principios. La frase literal era: “…el dinero es lo más importante, sin dinero no se vive.“

Pues, señores, creo que es momento de cuestionarse esto, si de veras nos consideramos seres humanos. ¿Realmente somos capaces de escoger una vida vendida, a plena consciencia? Ante ello la réplica de “y si no, de qué vamos a vivir…“ Yo les dije que existían muchas alternativas, que está la posibilidad de irse al campo y tener una vida sencilla, donde se puede vivir, si ya no sin dinero, al menos con muy poco, pues los alimentos se obtendrían de la tierra. También está surgiendo un movimiento de trueque dentro de las ciudades, donde a cambio de un servicio puedes obtener otro, e incluso también intercambiar objetos materiales. Estos ejemplos no son sólo palabras, los experimento yo misma desde hace muchos años.

Lo más importante de este poder vivir sin dinero, además de creer que es posible y comenzar a intentarlo, es sentirte responsable de todo lo que consumes, y quedarte con las necesidades fundamentales, desapegándote de todo aquello que es fútil. Esto se puede empezar a hacer, desde cualquier condición en la que vivas. Intentar obtener sólo las cosas necesarias, imprescindibles, y no por represión sino por una comprensión profunda de que la felicidad no está en los objetos, sino en tu propia consciencia. Así quizá te des cuenta de que es al revés, no puedes vender tu consciencia, y el tiempo de tu vida, a cambio de dinero, sino que debes adquirir consciencia durante el tiempo de tu vida, y esto es lo único que realmente puedes tener, todo lo demás es vano. Quizá es este desapego lo que más tiene que ver con la libertad. ¿Utopía? No, es un hecho, que funciona en mí y en muchísimos más seres de esta tierra. Es cuestión de elegir.

Otro tema candente tocado levemente en la clase de fotografía fue el de la energía nuclear, con respecto al desastre natural acaecido en Japón por estos días, el cual ha provocado que de varias centrales nucleares se escape radiactividad. Los medios oficiales, como ya sabemos, defienden el uso de la energía nuclear, a pesar del hecho de que es dañina para la vida, que produce residuos que no son asimilables por el medio ambiente y son metidos en lo profundo del mar dentro de contenedores, mientras se reza porque estén suficientemente sellados y no se escape nada de allí. Sin embargo, la lógica nos dice que llegado a un punto, la radiactividad saldrá de ellos, y toda la mierda que quisimos esconder debajo de la alfombra saldrá a la luz, porque ha estado siempre ahí. Si se piensa con objetividad, concluiremos que tener bombas de muerte de tal magnitud, con residuos que no se eliminan, no es equiparable a nuestra idea de confort, que sencillamente, hay que buscar alternativas.

María Villares

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