1/1/11

VIAJANDO POR EL MUNDO INTERIOR Y EXTERIOR Entrevista a Juanjo Piñeiro

Nos gustaría que nos dijeras qué te llevó a hacer las entrevistas que conforman tu último libro: Psiconautas. Exploradores de la conciencia.

Mi compañera Ana y yo estábamos de viaje por México, y comenzamos a grabar conversaciones y entrevistas para difundirlas en audio por Internet. Nos apetecía compartir con más gente los variados encuentros que estábamos teniendo en aquellas tierras. Mientras adquiríamos el conocimiento y la tecnología necesarias para introducir el sonido en la Red, pensamos que el formato libro podría servir para dar a conocer las ideas, experiencias y descubrimientos de gente tan interesante como la que habíamos entrevistado. En mis dos primeros libros –En busca de las plantas sagradas (Gaia) y El despertar del Hongo (Grijalbo)– ya había dado voz a los chamanes, y ahora me parecía interesante dársela a los psiconautas, por lo que seleccionamos las entrevistas grabadas en el Encuentro Enteobotánico de Palenque, algunas de la Ciudad de México y Puebla, y completamos el libro con alguna otra hecha por correo electrónico y en Barcelona. Com-pusimos el libro pensando en dar a conocer de viva voz el mundo psiconáutico, no sólo a los ya interesados en las sustancias psicoactivas, sino a quienes muestran interés en la exploración de la conciencia, el arte, la espiritualidad, la evolución humana, las nuevas tecnologías, etc.
Me resulta un poco difícil explicar el origen de Psiconautas, porque en realidad el libro nació antes que la idea de componerlo. Podrías comentarnos brevemente lo que más destacarías de cada uno de los once en-trevistados en tu libro: los puntos de contacto, las diferencias que has visto entre ellos, etc.
Psiconautas es una polifonía en distintos tonos. Su interés consiste precisamente en la variedad de registros de personas que teniendo en común un mismo asunto –las sustancias psicoactivas–, lo abordan des-de tantos puntos de vista diferentes, tantos como voces. Mientras escuchábamos las cintas, Ana y yo nos dimos cuenta de la variedad y riqueza de nuestra comunidad, algo de lo que quizás no somos conscientes ni los mismos psiconautas. El escritor y psiconauta Juan Carlos Usó destaca en el prefacio el carácter práctico de la información recogida en las respuestas. A lo largo del libro hay numerosas ideas frescas, que estoy seguro resultarán novedosas y refrescantes para la mayoría de las lectoras y lectores,
psiconautas o no.


Los entrevistados coinciden al oponerse a la prohibición de los enteodélicos, al solicitar mayor información e investigación sobre ellos, y hay una unanimidad casi total al considerar al chamanismo como un sistema poco apropiado para los psiconautas occidentales. También hay una gran coincidencia al abordar el cómo tomar estas sustancias –con buena información y preparación, cuidando el contexto, compañía, dosis, etc... pero varían al exponer el porqué de su uso, y las conclusiones de sus experiencias. A veces hay sana polémica entre ellos, diversidad de opiniones, tácticas e intereses. No creo que el libro sea totalmente exhaustivo, pero Psiconautas demuestra que los enteodélicos tienen que ver con prácticamente todos los campos de lo humano. Sintetizando al extremo el contenido de entrevistas mucho más amplias: Sasha Shulgin nos habla de la MDMA y las nuevas sustancias credas por él, y su esposa Ann de la terapia, sexualidad y las transformaciones espirituales que los psiquedélicos pueden catalizar; Richard Yensen coincide al explicarnos la terapia con psiquedélicos, y nos cuenta su aprendizaje con Stanislav Grof, Salvador Roquet y la famosa chamana María Sabina; Jonathan Ott reflexiona sobre las tácticas del antiprohibicionismo y la autosuficiencia enteogénica, basada, por ejemplo, en los análogos de la aya-huasca; Giorgio Samorini nos describe su iniciación en Gabón con la iboga –que considera el alucinógeno del futuro– y el arte cristiano con representaciones del hongo psilocíbico; Manuel Torres nos habla de los rapés visionarios y de la influencia de los psiquedélicos en el arte, tanto prehispánico como contemporáneo; Álvaro Estrada recuerda a María Sabina, a quien biografió, y opina sobre la adaptación del chamanismo al mundo actual; Higinio González reseña los 60 en México, comparándolos con la ola enteogénica de los 90, y nos habla de cómo ve hoy el impacto de los enteógenos en la evolución humana, interés que comparte con otro entrevistado: Terence McKenna, quien también nos habla de la psilocibina y la DMT, y nos presenta su Teoría de la Novedad; Quim Tarinas defiende el autocultivo y reflexiona sobre Internet; igual que Douglas Ruskoff, que además nos habla de la ciberdelia, las nuevas tecnologías, los memes o las raves.
Este resumen es injusto por incompleto, pero quizás dé una idea de los puntos en común y diferencias de las entrevistas. Cada entrevista es como una pieza de un puzzle, y cuanto más voces escuchas, más verás el cuadro completo. Al incluir el libro un index onomástico y de sustancias, se puede navegar por él como por Internet, siguiendo cada lector sus propios intereses e intuiciones, estableciendo entre las entrevistas las conexiones que desee.
Psiconautas es también un libro que ofrece bastante información, con las direcciones de Internet y bibliografía necesarias para quien quiera ampliarla y profundizar en la enteodelia, sea de un modo teórico o práctico.

Juanjo y su compañera Ana
En tu libro se vuelve a comprobar que si exceptuamos los comentarios de Giorgio Samorini sobre la iboga, casi todos los enteógenos que aparecen pertenecen al Nuevo Mundo, (aunque actualmente empieza a haber algunos estudios interesantes sobre los famosos unguentos de las brujas europeas y se apunta la posibilidad de que Australia sea un contiente por descubrir en este sentido).
¿Crees que ello se debe a una falta de investigación en otros continentes, o realmente el Nuevo Mundo se ha visto agraciado de forma natural con más proliferación de enteógenos?

En Psiconautas no se informa sólo de enteógenos de origen vegetal, sino de los nuevos o viejos fármacos visionarios, de las extracciones de los alcaloides de las fuentes que nos ofrece la naturaleza en cualquier continente, y de las diferentes variaciones químicas sobre ellos.
Hablando de enteodélicos de origen vegetal, es cierto que en Oceanía existe en la actualidad un gran interés por las acacias allí encontradas, debido a su alto contenido de DMT. Cada año se descubren más y más hongos o plantas psicoactivas en todos los continentes, pero América –y concretamente México– siempre está en cabeza de la lista. Nadie ha sabido explicar realmente el porqué.

En cualquier caso hoy en día estas especies, se descubran donde se descubran, comienzan a cultivarse en otros lugares por aficionados a la enteobotánica, y más tarde se extraen sus principios activos, expándiéndose su uso.
Existe una planetarización creciente de cualquier sustancia descubierta o creada, sea en un laboratorio occidental, una sierra mexicana, o en nuestras an-típodas geográficas.
Internet y las publicaciones especializadas cumplen aquí un papel esencial. Una vez descubierto algo, es sólo cuestión de tiempo su expansión, y el aprendizaje de sus posibilidades.


En tu libro se apunta la relación entre los enteógenos y las nuevas tecnologías (Internet, realidad virtual, etc.) ¿Cuál es tu visión al respecto?

Una posibilidad es usar estas tecnologías para conectarse los aficionados a estas sustancias, y expandir o intercambiar información, experiencias, ideas, proyectos, etc. También se venden en smart shops virtuales las semillas o compuestos legales, que son más de los que se piensa. Otra posibilidad es la que ven gente como Terence McKenna: experimentar estados similares a los alcanzados con los catalizadores químicos, gracias a las nuevas tecnologías, o incluso crear o mutar a seres conscientes sin cuerpo, viviendo en el ciberespacio, o viajando por el universo en naves nanotecnológicas.Si os soy sincero, viendo lo que he visto en mis viajes –la guerra, la miseria económica y moral, el fundamentalismo de variada especie, sometimiento de la mujer, ablaciones de clítoris, dictaduras brutales, etc, etc– me da un poco de vergüenza hablar de estas cosas, aunque imagino que algo de eso ocurrirá en el futuro.Tendremos que aprender a convivir con estas nuevas posibilidades, haciendo lo que esté en nuestra mano para la mejora de la humanidad y la Tierra como un sistema global, no contemplándolas como una huida desde nuestra posición privilegiada en una sociedad profundamente injusta. Sin embargo me parecen absurdos y estériles los ataques simplistas a los avances innegables de la ciencia y la tecnología; me parece más efectivo luchar porque sus ventajas lleguen a todos, y reducir su impacto negativo, haciendo comprender la necesidad de un uso respetuoso del sistema ecológico integral. No hay soluciones fáciles, ni podemos dar marcha atrás, sino corregir el rumbo. En mi opinión los enteodélicos, la ciencia o las nuevas tecnologías, ni acarrean de por sí la solución de todos los problemas, ni acarrearán nuestra perdición. Dependerá de nosotros lo que suceda mañana o pasado mañana, del poder de una mayor conciencia, del desarrollo espiritual del ser humano, en especial del occidental. Estas nuevas herramientas combinadas pueden ser instrumentos evolutivos o involutivos, o lo más probable, las dos cosas a la vez. El futuro está abierto.

A lo largo de tu libro hay interesantes reflexiones sobre los posibles errores de la década de los años sesenta con relación a los enteógenos y la necesidad de aprender actualmente de ellos. ¿Podrías am-pliarnos algo al respecto?

En el libro opinan personas que los vivieron y están más calificados que yo para hacer un balance. Desde mi generación a veces pensamos que fue un error sacar masivamente a la calle los psiquedélicos, pero tampoco sabemos si tarde o temprano se hubieran prohibido igualmente, y nos habríamos perdido la influencia que toda esa cultura alternativa tuvo en la dominante. Nosotros recibimos ya una cultura impregnada –para bien y para mal– por aquellos años. Quizás no existe hoy ni la información suficiente ni la perspectiva necesaria para hacer balance. Hay todavía muchas historias no contadas o mal contadas. Tal vez en los sesenta se abre un ciclo que aún no ha concluido.
En cualquier caso, ahora somos más prudentes, y menos entusiastas sobre las posibilidades revolucionarias de los psiquedélicos: no pensamos en ellos como panaceas de todos nuestros problemas, pero reconocemos su enorme potencial y los logros de generaciones anteriores, en las que por otra parte hubo toda clase de personas y posturas. Hoy vuelve a haber un sector numeroso de psiconautas que prefieren aprender a conocer y usar mejor estas sustancias, en vez de dedicarse militantemente a hacerles propaganda; optan por ser discretos –aunque no tímidos– en vez de sacarlas a la calle y tratar de convencer a los no iniciados de que las usen. Incluso gente como Timothy Leary, al principio pensó que era mejor ser reservado, a la Huxley. Al parecer fue el poeta beat Allen Ginsberg quien le convenció de iniciar la revolución psiquedélica. Otros pasaron del proselitismo a la discrección, o de la universidad al ashram, o del socialismo y el anarquismo clásicos a la fiesta psiquedélica. Hubo todo tipo de combinaciones. También hubo quienes comprendieron que una sociedad no se puede cambiar de arriba a abajo de la noche a la mañana, y establecieron una táctica de infiltración en el sistema dominante, afectando sobre todo a la cultura y medios de comunicación. Esta gente tuvo y tiene un éxito discreto, pero notable. Es menos espectacular, pero los logros son más duraderos, pues im-pregna a la cultura que se transmite por medios en teoría oficiales, llegando incluso hasta los niños y las niñas.Ojalá aparezca en castellano Storming Heaven, de Jay Ste-vens, un libro bastante esclarecedor sobre esos años, en los que ya se experimentaron muchas tendencias y variantes tácticas, cuyos efectos es interesante conocer hoy, aunque las circunstancias sean diferentes. Para entender la situación ac-tual, pronto estarán en nuestro idioma varios libros de Douglas Rushkoff, cuya entrevista sirve de introducción a su obra.
Aquí los protagonistas no han escrito mucho de los orígenes y experiencias de la psiquedelia en los años 70. Seguro que podríamos aprender de todo lo que vivieron, de sus luces y sus sombras. Debido a la nefasta presencia del franquismo –de la que considero que aún no nos hemos recuperado– nuestro caso es bastante particular, con la aislada excepción de Ibiza, o quizás Barcelona.

En cuanto al presente, el ritmo es ahora más pausado, después del empujón de los sesenta. Tal vez la oleada que comienza –o continúa– en los 90 es más lenta, pero puede tener un mayor alcance y envergadura a la larga. Ahora sabemos más, y hay logros ya irreversibles: algunos de ellos se los debemos a la hoy tan vituperada o tan idealizada generación de los 60, que insisto, fue variada y compleja. Al menos lo intentaron, pero era la primera vez, ¿cómo no cometer errores?

Aunque parece haber signos esperanzadores acerca de los estudios sobre los enteógenos en la época actual, ¿no crees que sigue habiendo una dirección excesivamente médica del tema, dejando de lado otras posibilidades como las lúdicas o de exploración artística y espiritual?

Quizás si atiendes a determinadas publicaciones o congresos puedes llevarte esa impresión, pero la realidad es mucho más rica. No creo que en el mundo real haya una sola dirección. Hay que intentar tener ojos y oídos para todo lo que sucede, no sólo para lo que se publica en determinados medios, más o menos oficiales.

Conozco bastantes artistas que abordan las posibilidades creativas de los estados propiciados por los entodélicos, normalmente con resultados elaborados y materializados tras el viaje. Hay multitud de gentes haciendo un uso lúdico, espiritual o de conocimiento, si es que pueden separarse esos usos. Una misma experiencia –sobre todo si es potente y dura bastantes horas– puede permitirte explorar la sexualidad o abrirte a la energía del amor; contemplar de un modo nuevo un paisaje, un cuadro, o una fotografía; oír música, bailar o danzar en otro estado de conciencia; curarte a un nivel emocional y vital; tener alguna comprensión intelectual, creativa, ecológica o sobre tu pasado, algún vislumbre del futuro o místico; puede convertirse, en suma, en un viaje transformador, profundamente espiritual, sea por el propio impacto de la experiencia, o por la integración posterior, en la vida de todos los días; recordemos que el verdadero viaje –la vida– continúa entre experiencia y experiencia. Las sustancias psiquedélicas tienen tantas posibilidades que quien quiera limitarlas a una sola, está abocado al fracaso, igual que quien quiere impedir –prohibiéndolas– que otros seres humanos experimenten con ellas.
Un día puede apetecerte un tipo de experiencia, y otro día otra, variando el contexto, la compañía, el enteodélico o la dosis. Me parece que la mayoría alternamos los distintos usos, a veces lo queramos o no, porque las sustancias muchas veces son imprevisibles. A menudo te sorprenden, y eso es una de las cosas interesantes de ellas. 

Por último, nos gustaría saber cómo ves el futuro del universo enteogénico.

Múltiple, variado, diverso, no escrito: la vida ofrece variaciones casi infinitas. Tendremos que aprender a vivir y disfrutar de las nuevas
posibilidades abiertas por los nuevos descubrimientos en cada campo del saber humano, sin buscar una seguridad a la vieja usanza; quizás llegaremos a vislumbrar o experimentar algo de lo que no podamos dudar, pero no puedo hacer mayores predicciones: no soy futurólogo, ni creo que nadie pueda serlo; existe la libertad humana, muchas variables y factores desconocidos. Sólo podemos ver las tendencias actuales e intentar ver algo de lo que el futuro nos depara. Tengo mucha curiosidad por saber cómo se desarrollarán los acontecimientos, los procesos abiertos y en curso, si irá floreciendo una armonía profunda y elevada desde dentro o a partir del aparente caos.

En el mundo enteodélico, sin duda habrá más sustancias a nuestra disposición, más información, mayor interconexión entre los psiconautas, se irá saliendo del guetto, y este ciclo abierto en los sesenta puede que termine con su legalización y normalización. Este hecho podría tener una incidencia clave en la transformación individual y colectiva, inseparables por otra parte, como se irá comprobando. Con o sin enteodélicos, en el futuro próximo se buscarán entornos más adecuados para vivir, y se seguirá conociendo más sobre nuestra propia conciencia, intentando saber algo más de ella y de su relación con nuestro cuerpo y nuestra vida. Irán surgiendo diversos multimodelos, utilizando modelos occidentales como los de Grof o Wilber, orientales como los de Sri Aurobindo o Gopi Krishna, síntesis que no sean una simple
amalgama. Por lo que veo, intuiciones básicas sobre la humanidad a la Teilhard de Chardin adquieren cada vez una mayor vigencia, sobre todo cuando se adquiere una perspectiva de largo alcance.

Un reto de nuestro mundo es integrar sabiduría y compasión, en el sentido budista del término. Una parte de la humanidad ha de resolver problemas básicos; los que queramos o no, somos privilegiados, espero que aprendamos a ser realmente solidarios, encontrando un pun-to de acción efectiva entre la caridad y el mirar a otro lado. En estos ambientes echo de menos recordar algo elemental antes de alucinar con la ‘ciencia-ficción espiritual’: los hambrientos han de comer, aunque luego hayan de afrontar nuestros problemas. No todos vivimos en California, o en los barrios bien de Madrid o Barcelona. Los hambrientos de espíritu, tal vez logremos en-contrar un método dinámico y transformador basado en una fusión integrada de modos diversos de explorar la conciencia, el cuerpo y la energía del universo, a partir y desde nuestra experiencia vital, aprendiendo a afectar positivamente nuestro medio. La interactuación de enteodélicos y el binomio cuerpo/conciencia puede hacer accesible la experiencia directa del misterio y el espíritu a miles de personas occidentales deseosas de una vivencia concreta real, más allá de las palabras. Las experiencias espirituales que incidan en las células de nuestro cuerpo y a nuestro alrededor serán tal vez las fundamentales.
Sin embargo, antes de hablar de evolución de nuestra especie, en mi opinión tendrán que
resolverse problemas elementales y completarse el cambio de visión cultural y vital del ser humano hoy en curso, una nueva visión basada en una integración no contradictoria de la materia y el espíritu, de ciencia, arte y espiritualidad, de cuerpo y conciencia, de mente y corazón, de mujer y hombre; una simbiosis transformadora de sabiduría y compasión, de humanidad, reino vegetal y animal, naturaleza, tecnología.

Las niñas y niños que están naciendo ahora no sabemos qué situación se encontrarán cuando alcancen la mayoría de edad. Los futuros psiconautas quizás estarán mejor preparados que nosotros para explorar el inmenso mundo de la conciencia humana, y lograr construir una sociedad y un mundo mejor que éste en el que hoy vivimos.

Fuente: ULISES, Revista de Viajes Interiores

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