7/11/10

UNO PARA TODOS Y TODOS PARA UNO, por Roberto Salas San Juan

Fotografía de Bárbara Rodríguez Silva
Comunidad con los hombres en lo libre: éxito.”  
             Exagrama 34, I Chin.

    “Para comprender el valor social del teatro no solo hay que mirar las mercancías,
los espectáculos producidos, sino también las relaciones que establecen los hombres al producir espectáculos.”

                Eugenio Barba


Fotografía: Ismael Almeida
Frecuentemente uso el rimbombante término de Compañía de Teatro Callejero para referirme a Gigantería, aunque al hacerlo siento que me estoy mintiendo. ¿Somos exactamente eso? No estoy muy seguro. Sería más preciso hablar de una comunidad de artistas independientes, aunque sé que esta idea se presta a todo género de malos entendidos. Incluso entre los miembros de Gigantería. Asumimos que una comunidad es un tipo de organización social cuyos miembros se unen para cumplir objetivos comunes, y donde los intereses de cada individuo se identifican con los objetivos del conjunto. El punto de vista del I Chin sobre este tema es muy claro: La real comunidad entre los hombres ha de llevarse a cabo sobre la base de una participación cósmica. No son los fines particulares del yo, sino las metas de la humanidad lo que produce una duradera comunidad entre los hombres.”(…) “La comunidad no ha de ser una mezcla de individuos ni una mezcla de cosas –esto sería un caos y no una comunidad—, sino que se requiere una estructurada diversificación si es que ha de conducir al orden. ( I Chin, Exagrama 34.)

Photo AP

Un manual de estudios socioculturales nos recuerda que existe una división clásica entre tres tipos de comunidades diferentes: “ las comunidades de sangre (la más natural y primitiva, de origen biológico), las comunidades de lugar (cuyo origen es la vecindad, como las aldeas o los asentamientos rurales) y las comunidades de espíritu (que tienen su origen en la amistad, la tradición y la cohesión de espíritu o ideología)”.2
 
Fotografía de Bárbara Rodríguez Silva
Cualquier persona que conozca de la labor creativa que hemos realizado en los últimos años por las calles y plazas del Centro Histórico de la Habana, no dudaría en decir que pertenecemos al tercer tipo de comunidades referidas, y llegaría a la conclusión lógica de que somos un grupo de Teatro Comunitario. Y es cierto, aunque me incomoda un poco que con etiquetas de este tipo puedan acuñarnos. Haría una aclaración importante: somos artistas comunitarios no solo por el tipo de espectáculos que producimos, sino por la naturaleza de nuestra dinámica grupal. Aunque es lo que deseo, no me resulta fácil hablar de lo que “hay detrás” del empeño de Gigantería y su teatro callejero (cuyo hábitat natural son los espacios públicos de la ciudad) desde la perspectiva de un espacio –no tangible— que ha propiciado una experiencia comunitaria.

Fotografía de DRAKEN
En aras de facilitar un entendimiento más o menos claro de quienes somos y qué hacemos, invito a visualizar un conjunto de anillos de diámetros diferentes que se encuentran unos dentro de otros. Dispuestos como las capas de una cebolla, estos anillos podrán (es mi deseo) orientar la atención hacia diversas aristas del trabajo de Gigantería, hilvanados a partir de las vivencias y puntos de vistas de uno de sus miembros. Hablo de anillos, pero bien podrían entenderse como planos que se superponen, límites que se (con)funden más allá de la mente, realidades paralelas y complementarias. Me alienta una idea de Konstantin Stanislavsky, quien entre sus proyectos menos conocidos concebía la creación de una orden espiritual de artistas: “la gente que se encuentra a diario en el ambiente excitado de las bambalinas no puede establecer las estrechas relaciones amistosas que son necesarias en una comunidad de artistas”.3 

Fotografía: Isamel Almeida
PRIMER ANILLO: EN LA SOLEDAD

“Conócete a ti mismo”.
 Como una verdad de lujo esta frase fue inscrita en la entrada del Oráculo de Delfos, en la antigua Grecia. Esta sentencia simple y profunda fue la piedra angular de muchas escuelas de conocimiento, pregonada desde Confuncio hasta Gurdief. “Conócete a ti mismo” me repetía una y otra vez Vicente Revuelta. No fue única su enseñanza, pero sí una de las más importantes.
“Solamente tú puedes darle un sentido a tu proceso.

Fotografía: Ismael Almeida
¿Quién mejor que tú puedes llegar a una comprensión veraz de tu esencia? Tienes que estar abierto a todo, el secreto está en el darse cuenta.” A donde quiera que vaya me acompaña la gratitud, el amor y el respeto que siento por este hombre, que a su manera me dio algunas claves de cómo transitar hacia la luz del conocimiento. Su trayectoria como artista forma parte de la columna renovadora de la escena cubana de los últimos sesenta años, y podríamos describirla como una parábola que se aleja del teatro como expresión y se acerca al teatro como acto, como vivencia. Fue él quien me transmitió su visión de un grupo teatral como destino o fundamento de una experiencia comunitaria.

Fotografía de Bárbara Rodríguez Silva
 Hace más de una década que terminé mis estudios de Teatrología en el Instituto Superior de Arte, y los que pensaba que serían años dedicados a la crítica en puridad, han devenido en un aprendizaje continuo de cuestiones prácticas del teatro callejero. Intentar hacerme conciente de mi proceso de vida –como hombre y como teatrista— ha sido una constante hacia todo lo que emprendo. Perseverar, amar lo que hago, disciplinarme, sobreponerme a mis límites, luchar contra mi torpeza natural, quebrar mis máscaras sociales… A veces no sé donde encuentro fuerzas para continuar. El cansancio o la pereza no siempre me dejan comprender la coherencia de mis actos. ¿Por qué hago teatro callejero? ¿Para enaltecer mi ego? ¿Para sobrevivir? Ya ni sé. El dinero que gano en la calle –como zanquero, clown, animador malabarista o estatua viviente— apenas me alcanza para alimentarme y mantener a mis hijos. Nada de lo que no puedan quejarse muchos en mi generación. Pero estoy aquí, echando raíces. Respiro aire impuro y eso parece ser suficiente. Mi proceso se transforma día a día, igual que mi cuerpo físico, mis ideas, mis escritos, mis frustraciones y mis sueños.

2... Material mimeografiado de estudios socioculturales, Universidad de la Habana.  

3.. Konstantin Serguei Stanislavsky: Un proyecto teatral. El Teatro de Calle, técnica y manejo del espacio, Colección Escenología, México, 1992.

Autor: Roberto Salas San Juan
Giganteria.org

Fotografía de DRAKEN

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