12/11/08

poema de Oscar Kessel, del libro "A la manera de Tiresias"

Una casa de la calle Lealtad.



La casa ahora es quebradura del azogue
pátina amarillenta tras el polen
de las rejas toledanas
en el dormido ulular de la Habana Profunda.

Por entonces las noticias en la ciudad
esparcían un rumor sedicioso.
Te asomabas a las calles y encontrabas
agónicos los signos: La Gran Doncella Roja
se sangraba las venas Disponía
su holocausto para fin de milenio.

No podíamos saberlo. Preferíamos
el lirismo de Tarkovski, Vagar
el territorio claroscuro que sugestivo
nos dejaban los objetos japoneses
trasegados por Tania - la impronta de Casal, igual nostalgia-
antes de su afición por el soliviantar
las subversiones que son objetos
de colección difícil.


Aquí se amó Se conspiró
se adoraron falsos ídolos
y luego se abdicó
mientras los perros
ladraban a la sombra de los biombos
de jade y de marfil.

Escuchábamos a veces
el clamor de los muertos
que acallábamos
con vapores de sándalo y cannabis
fragmentos de Artaud y “ Escaleras al cielo”.

La casa es hoy un arcón palpitante
dédalo de nostalgias farfulladas
por el estertor de la Habana Profunda.
Tal vez la Historia se escurrió a otra calle
para aceitar su lámpara
pero allí dejé olvidada a una muchacha punitiva
y otra también,
que era tórrida y blonda
más inefable aún.

Por las noches deambulábamos la ciudad
obsedidos por la agonía de un insecto rojo
crisálida de la alta madrugada
que con sus polvos
nos marcaba las frentes.



Esta es la visión kesseliana de aquella casa en la calle Lealtad donde compartimos tantas cosas...mientras mi madre Tania estaba en Manto Negro.

Y esto es un poema mío, también de aquel tiempo pasado allí.
Liudmila Velazco, Alexis González Días de Villegas,Alcibiades, Kenji Alberto Lozano, Rodolfo Herrero, Ariel, Camila López, El Chen, Mayra,y tantos más...

Lealtad 365

Los grandes cirios no saben de esta casa,
templo del camino;
de fantasmas que rigen el encuentro y el desencuentro.
Aquí confluyeron viajeros inexplicables,
presencias que han quedado grabadas en las paredes
sin rostros definidos.
Ellas son las imágenes que se invocan a media luz:
los puentes.
Algunas veces la noche
desenterró los pies del agua
y la campana del silencio
anunció la danza más aclamada:
el amor que salva.
Afuera, los gritos de la costumbre,
como piedras tiradas contra una impenetrable fachada,
hacen ruido como de hombres ciegos
agolpándose con pasos equívocos.
La ley,
que nunca se ha comprendido bien a sí misma,
da vueltas, merodea, duda, calla.
tiene miedo de las puertas que se abren y cierran
al sólo batir del viento.
Mientras,
siguen las sombras en sus idas y llegadas.
Visitaciones:
elixir para los muertos que quieren cantar.
Aquí la oscuridad no será una derrota
si traes tu lámpara.

1 comentario:

  1. Me haz hecho llorar , cuantos recuerdo de un tiemp o que ya no está y unos seres desperdigados por el mundo , a veces tristes y solitarios otras veces no ...
    Lo que nos queda es la suerte de haber vivido todo aquello , de haber estado en el lugar y tiempo exactos para que todas nuestras energías confluyeran allí .

    Ahora que te he encontrado no quiero volver a perderte . Un abrazo con el corazón

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