¿Qué
son los enteógenos?
Son
substancias que permiten modificar, en cierto sentido, el estado habitual de nuestra
consciencia. También se pueden conseguir estos estados con respiraciones o con técnicas
mucho más lentas como la privación sensorial de los ascetas cristianos en la Edad Media,
que se metían en una cueva durante semanas sin comer, sin luz y sin nada. Yo me sirvo de
substancias, de ciertas respiraciones y de sobreestimulación sensorial, para crear un
caos de los sentidos en las personas. El resultado es muy parecido.
Para
entenderlo es necesario comprender que el aparato cognitivo humano tiene estructura de
sistema y, como tal, una de sus características principales es el automantenimiento.
Lucha por mantener su identidad, con independencia de que ésta sea correcta o no. La
psicología se ha percatado de que nuestro sistema queda fijado entre los tres y los siete
primeros años de vida. Nadie cambia. Bueno, nadie es una palabra demasiado grande... La
inmensa mayoría de las personas no cambian, sino que pasan la vida realizando movimientos
de adaptación, cuando cambia su entorno, para mantener su sistema original.
En cierto
momento, la humanidad descubre los enteógenos. No sólo la humanidad, ya que los animales
también consumen enteógenos, por lo que yo diría que estamos hablando de algo inherente
a la vida. Con estas substancias se puede desestabilizar el sistema de forma periódica.
El correcto uso de enteógenos permite romper el sistema cognitivo para aumentar su
complejidad y, por tanto, su capacidad de adaptación eficaz a la vida. A menudo es
doloroso, ya que el sistema evita a toda costa el desequilibrio, pero también es cierto
que del caos surge la mayor creatividad. Es muy importante recalcar que debe hacerse un
buen uso de ellas porque son substancias muy potentes. No es por casualidad que otras
sociedades las tengan por asuntos sagrados a los que tienen muchísimo respeto.
¿Cuándo comienza Occidente a trabajar con enteógenos?
Hablando sólo del presente
siglo, Albert Hofmann descubrió el LSD en 1943, y el laboratorio que lo sintetizaba
comenzó a difundirlo entre los psiquiatras. Se utilizaba en ámbitos clínicos con dos
fines: para que los psicoterapeutas vivieran el caos de la psicosis por unas horas y
mejorasen así su praxis profesional; por otro lado, en terapia se empleaba justo para lo
contrario: para reestructurar trastornos de la personalidad, de conducta, etc. Se
obtuvieron magníficos resultados en la desintoxicación de alcohólicos y heroinómanos.
También había en aquella época, aunque no se hablaba de ellos porque no molestaban.
Yo diría que se produjo una
confluencia histórica porque, casi al mismo tiempo, la Generación Beat estadounidense
descubrió los hongos psilocíbicos mexicanos y la marihuana. Era un movimiento
artístico: pequeñas minorías de escritores, poetas, filósofos, psicólogos...
Aprendían de los indígenas a experimentar con mucho respeto. No era un juego.
Descubrieron algo que les permitía percibir la realidad de una manera radicalmente
distinta y que podían incorporar después a su vida cotidiana.
Pronto los mismos Beat
descubren el LSD, que se fue expandiendo ya excesivamente. Se perdió un poco el control y
el respeto a estas substancias. Pero también fue un gran experimento histórico en una
sociedad como la nuestra, en la que el cristianismo había cortado siglos atrás toda
experimentación con substancias psicoactivas. Sólo escapó el alcohol, su propio
psicótropo.